Los caballos gallegos en peligro de extinción

3 04 2011
  • La Sierra de A Groba tiene la mayor concentración de caballo gallego autóctono
  • Hay vestigios de su presencia en la zona en petroglifos y pergaminos del XIII
  • La raza es más pequeña que el prototipo de equino, más fuerte y muy mansa
  • En esta sierra pontevedresa 1.800 caballos viven en libertad, pero controlados
  • La asociación de ganaderos organiza seis ‘rapas’ cada verano para cuidarles

Para quien desconozca la zona y sus tradiciones puede resultar chocante un paseo por la Sierra de A Groba, entre los ayuntamientos pontevedreses de Baiona, Oia y O Rosal. Allí puede cruzarse con cientos de caballos que no llegan a ser ponis, pero tampoco equinos al uso, con una marca grabada en el muslo y pastando libres, sin ningún tipo de vigilancia y, al mismo tiempo, sin ningún tipo de descontrol.

Más chocante puede ser si este paseo se produce en verano y coincide con un día en el que toda la población equina de esta sierra, que en la actualidad se cifra en unas 1.800 cabezas, se recoge en un recinto cerrado y sus dueños les limpian y cortan las crines a un mismo tiempo y ante la expectación de miles de personas.

El caballo que acaba de ver será seguramente un ejemplar de caballo gallego autóctono, una variedad equina cuyo origen se sitúa en la llegada de los pueblos celtas a la Península Ibérica entre los siglos VII y V antes de Cristo que desde hace una década se conoce como Pura Raza Gallega y en la actualidad se encuentra en peligro de extinción y está calificada como de protección especial.

La fiesta popular que puede presenciar en verano se conoce como ‘Rapa das Bestas’ y el lugar en el que están recogidos los caballos es un ‘curro’, un lugar descubierto y cercado donde se juntan una vez al año los caballos bravos, criados libres en el monte para realizarles tareas de corte de pelo, desparasitado, limpieza y marcado en masa. En Baiona hay tres y en Oia otros tres.

El caballo gallego autóctono se puede encontrar ya en muy pocas zonas de Galicia, y tiene en la Sierra de A Groba la mayor concentración de cabezas en libertad y en la ‘Rapa das Bestas’ una de las fiestas y costumbres más antiguas que existe en la comunidad. Su continuidad se debe en la zona a la Asociación de Ganaderos de Caballos de A Groba.

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El tesorero de la entidad, José Paulino Rodríguez Fernández, define con muy pocas palabras esta costumbre y a estos caballos: “Son unos caballos muy particulares, muy distintos a otros que pueda haber por ahí, pequeños, muy fuertes para resistir temporales y días de sol, delgados porque su alimento es 90% tojo y no comen pienso y con mucho pelo. Cuidarlos es un ‘hobby’ que llevas en la sangre, es el amor al caballo y a que no desaparezca”.

José Paulino Rodríguez recuerda que su bisabuelo tenía caballos de raza gallega autóctona, un hierro con sus iniciales para marcarlos y mucha pasión por estos animales y por todas las tradiciones que existen en Galicia para preservar su existencia. “Recuerdo ir a un curro con él ya de muy pequeño”. La herencia pasó a su abuelo y a su padre y cuando tan sólo tenía cinco años él ya empezó a vivir las costumbres familiares.

Seguramente, el legado le viene de antepasados más lejanos, incluso es posible que se remonte a la Edad de Bronce, cuando existen los primeros vestigios en Baiona de la existencia de una raza de caballos que pasaría a convertirse en la que ahora se denomina Pura Raza Gallega. Él está dispuesto “a trabajar para que esto no se pierda”, pero también tiene un temor: “que las medidas que se están tomando hagan que la gente deje de tener caballos y toda esta costumbre se pierda”.

Reducción de la población equina

La mayor parte de los alrededor de 1.800 caballos que pastan libres en A Groba son de raza gallega autóctona, pero Paulino Rodríguez reconoce que “es difícil encontrar alguno de lo que ahora se considera como raza pura porque esos son caballos sin ninguna seña, con el pelo todo marrón oscuro y muy basto“. De todas formas, “para nosotros, todos los que tenemos son de raza gallega autóctona porque nos preocupamos de que se conserven así”.

A pesar de que se preocupan de cambiar a los machos cada tres años para que no lleguen a reproducirse con familiares suyos y degenerar la raza, de que siempre saben donde están sus caballos, de que asisten a las yeguas en los partos y de que dos veces al año los desparasitan, la asociación no consigue evitar una tendencia que parece imparable: la desaparición de la raza.

“Hace diez años podría haber aquí de 3.500 a 4.000 caballos de raza autóctona, ahora quedan unos 1.800 y bajando”, explica el tesorero de esta asociación, “la única de Galicia que tiene todos sus estatutos en orden, que tiene un seguro colectivo y en el que todos los miembros (unos 150) tienen asegurados a cada uno de sus caballos”.

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“Sería una pena que esto se dejase desaparecer porque los caballos pastan libres por la Sierra de A Groba desde hace miles de años, hay petroglifos (en Oia y Outeiro de Lameiros) que demuestran ya su existencia, y hay un pergamino en el Monasterio de Oia que habla ya de los curros“, explica, en alusión a diversos documentos que datan del siglo XIII que recogen datos de la cría y explotación de caballos salvajes.

Además, insiste en los beneficios de la presencia del caballo gallego en el monte pues “desde que sale el sol hasta que se pone, durante 12 horas al día, están comiendo todo el rato, comen la maleza y hacen que el monte esté limpio. Donde están estos caballos hay más árboles y menos peligro de incendio”.

Las amenazas de la raza

La desruralización de Galicia y la falta de jóvenes que mantengan las costumbres tradicionales podría ser una de las causas de esta reducción de estos caballos, la única raza equina autóctona de Galicia reconocida como tal, pero Paulino Rodríguez apunta a las medidas adoptadas por la Xunta de Galicia para el cierre de terrenos de monte comunal como una de las principales razones de esta tendencia.

“En las zonas valladas los animales no pueden comer y tienen que ir a las fincas a buscar hierba, entonces causan daños y tienes que pagar, así que la gente está deshaciéndose de los caballos”, explica, “cuando el caballo gallego autóctono, a pesar de que vive libre en el monte y andar siempre en manadas, es manso, dócil, tranquilo y no hace daño“.

Además, explica que la falta de apoyo de la administración con subvenciones para mantener a estos caballos o la obligación que están instaurando de que los caballos lleven microchip para su localización, con el gasto que supone para el dueño de la pieza -”cuesta más que el propio caballo”, asegura- pueden ser otras de las causas.

Al respecto, explica que “nosotros no nos oponemos a ponerle chip, pero sí a pagarlo. Además, a nuestras reses no les hace falta chip porque tienen una marca desde que nace y nosotros siempre sabemos donde están, un caballo quiere vivir allí donde nace y si quieres encontrarle, tienes que ir a buscarle allí donde sabes que nació, es un instinto que tienen”.

Fuente: El Mundo

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