Una cámara en la cabeza que casi le cuesta la vida

11 02 2011

El artista iraquí Wafaa Bilal decidió instalarse una cámara en el cráneo como parte de un proyecto artístico. La semana pasada tuvo que extirpársela para evitar su muerte por infección.

Menos de un mes ha durado la aventura de Wafaa Bilal, el fotógrafo iraní que decidió instalarse una cámara en el cogote como parte de un proyecto artístico con el que se inauguraba en Qatar el museo Mathaf de Arte Árabe contemporáneo. Su cuerpo ha dicho basta, y la semana pasada unos médicos tuvieron que intervenirle para retirarle parte del mecanismo que el artista decidió anclarse a su cráneo.

El reto era el siguiente: llevar una cámara incrustada en la parte trasera de la cabeza durante un año entero que recogería imágenes aleatorias cada sesenta segundos y las enviara via GPS a un ordenador que las distribuía por internet: «El proyecto pretendía ceder todo el protagonismo a la objetividad de la imagen y eliminar cualquier atisbo de subjetividad del proceso –explica este profesor de fotografía de la Tisch School of Arts de la Universidad de Nueva York, que en 1991 se vio obligado a abandonar su irak natal–. Lo más importante era que la cámara se situara en mi espalda para que la captura de imágenes se desarrollara sin la influencia de la mirada y el poder del dedo que encuadra lo que dispara».

Las ideas de la sociedad global y el gran hermano orwelliano sobrevuelan este trabajo de Bilal, sin embargo, él se remonta a años atrás en su biografía para terminar de contextualizarlo: «Decidí poner en marcha esta idea en parte para intentar recuperar mi experiencia en Irak. Cuando abandoné mi país nunca tuve la oportunidad de llevarme una imagen de lo que dejaba atrás. También me fascinan esos momentos de nuestras vidas por los que pasamos sin pararnos a examinar o enjuiciar y que simplemente suceden y forman parte de otros acontecimientos a los que sí que damos más importancia».

Solo no puedes; con amigos, sí

Para Bilal, su aproximación al asunto era más meditativo que mecánico: «Se piensa que como esta cámara me conecta a Internet, comparto mi existencia con todo el mundo. A mí lo que me interesa es que me hace sentir que no estoy del todo solo. Hay que estar mentalmente preparado para afrontar todo esto», afirma el autor.

La semana pasada, el fotógrafo se vio obligado a ser intervenido quirúrgicamente para retirarle la cámara de su cabeza. Al parecer, uno de los tres soportes que la anclaban a su cráneo le había provocado una infección que puso en riesgo su vida.

Su dueño se negó a hacerlo hasta el último momento, a pesar de que la pieza de titanio de la discordia le había estado produciendo problemas desde que fue instalada en su cabeza, operación que tuvo lugar en un local de tatuajes y piercings de Los Ángeles. Los antobióticos que recibió desde ese momento no le surtieron ningún efecto. De momento, la cámara es lo único que se ha quitado el artista de la cabeza, que ha declarado su deseo de volver a instalársela una vez se pase todo este embrollo.

Fuente: ABC

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