GPS en los rinocerontes

13 02 2011

En una famosa novela del escritor Juan Eslava Galán, En busca del Unicornio, un grupo de soldados españoles eran mandados a África en 1471 por Enrique I El Impotente a cazar un unicornio para al que arrebatar su cuerno y así arreglar los problemas de virilidad del monarca. Tras un montón de penurias, los hispanos acaban persiguiendo un rinoceronte, aconsejados por los indígenas, al que confunden con el mítico caballo mágico.

Más de 500 años después, y esta vez en la pura realidad, los rinocerontes son cazados de manera furtiva, por cientos, para arrancarles sus cuernos, que luego son vendidos en el mercado negro, especialmente en China, donde alcanzan valores astronómicos. En 2010, fueron abatidos en Sudáfrica 333 ejemplares. Las imágenes de un rinoceronte muerto y con el cuerno arrancado copan un día sí y otro también los tabloides del país.

La situación ha llegado a tal punto que en Sudáfrica las autoridades han decidido colocar GPS sobre los animales para tenerlos controlados y parar la masacre a la que se están viendo sometidos por cazadores furtivos. En la reserva natural de Somkhanda, en el norte de la región de KwaZulu-Natal, se ha colocado el dispositivo de control a siete rinocerontes blancos. Roelie Kloppers, de la asociación Wildlands Conservation, explicaba que “si observamos movimientos rápidos y alocados del animal sabremos que necesita ayuda”. La nueva medida parece que se implantará también en otros parques del país tras una convención nacional en Durban donde se trató el tema.

Veneno en el cuerno

Lo cierto es que se están probando todo tipo de actuaciones para evitar la constante pérdida de ejemplares que podría llegar a poner en peligro a la misma especie. Helicópteros, dispositivos de visión nocturna, más armamento para los guardas que cuidan las reservas…El pasado julio, Ed Hern, propietario del Rhino and Lion Park (reserva cercana al parque Kruger) decidió poner veneno en los cuernos de los animales. “Es la única forma de detener su caza. Las personas que usen su apéndice para curarse morirán y se terminará su uso ilegal”, explica. Una medida complicada de la que acabó desistiendo por el propio riesgo que corría el animal de envenenarse comiendo. Varias asociaciones ecologistas denunciaron la práctica.

Mientras, hay una auténtica lucha entre furtivos y guardias en los parques del país. En diciembre, cinco ilegales fueron abatidos a tiros en Kruger por los guardas del parque. Ha florecido un nuevo mercado millonario, el de las empresas privadas que se ofrecen para custodiar las reservas naturales. Muy profesionalizadas, generalmente el personal tiene una alta preparación militar, aseguran el control del terreno pero a un coste prohibitivo. “Un ranger cuesta 30.000 rands al mes (más de 3.000 euros) y necesitamos tener la menos 30 para cubrir todo el terreno”, dice Rian Kootze, propietario de un parque. (En algunos casos es más caro este servicio que un cualificado servicio de guarda personal). “Nuestros hombres duermen en la selva, entre la maleza, donde les enviamos con latas de judías, bacon y bebida. Pueden estar camuflados y vigilantes durante días”, replica Simon Rood, dueño de una de las exclusivas compañías de seguridad. “Nadie tiene mejor servicio para evitar la caza furtiva en Sudáfrica que el parque Kruger y no han conseguido acabar con ella”, concluye Kootze.

Afrodisíaco a 40.000 euros el kilo

Es evidente que todo lo que se mueve alrededor del rinoceronte es un negocio millonario: las reservas privadas y parques nacionales y el turismo que atraen; las empresas que ofrecen el servicio de protección y, sobre todo, el mercado negro de cuernos de rinoceronte. Hay toda una leyenda sobre este tema. El cuerno del animal ayuda a mejorar la virilidad del hombre, creencia muy extendida en el sudeste asiático, pero también se emplea en la medicina curativa tradicional china y para hacer dagas ceremoniales asiáticas. El precio del kilo de cuerno supera los 40.000 euros. La población de rinocerontes se ha visto seriamente mermada en toda África. En Kenia, por ejemplo, los furtivos provocaron que a mediados de los 80 la cifra de ejemplares no superara los 300 (años antes era de más de 20.000). Ahora, los GPS se incorporan a la difícil tarea de salvar al “unicornio africano”.

Fuente: El Confidencial

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