La reina del pop asiático

26 06 2011

Es la reina del pop en el gigante asiático. El modelo a imitar para decenas de millones de jóvenes. Toda una diva, que admira a Madonna, pero no tiene interés en el mercado occidental. Entrevistamos a la taiwanesa Jolin Tsai, de 30 años, antes de su multitudinario concierto en Shanghái.

Cuando por fin hace su aparición estelar y más de 50.000 gargantas estallan en un rugido ensordecedor, cualquier escenario se le queda pequeño. Incluso el mayor campo de fútbol de Shanghái parece insuficiente para que Jolin Tsai (Taipei, 1980) se mueva a gusto. La indiscutible número uno del pop chino es una gigante que sabe explotar al máximo cada curva de su cuerpo. Sus extremidades parecen de goma. Salta y se contorsiona cual saltimbanqui sin perder el control de su voz, ni de un cuerpo de 1,61 de altura y 45 kilos. Ellos ni parpadean. Ellas toman buena nota del look, que tratan de copiar al día siguiente. Tienen dónde elegir, porque Jolin ha marcado un curioso récord: es capaz de cambiarse de modelito en solo 30 segundos. Un tiempo en el que pasa de princesa de cuento de hadas que canta baladas con exceso de glucosa a dominatrix enfundada en cuero negro con luces en los pechos que se pasa la mano por la entrepierna antes de chuparse un dedo.

Lady Gaga tiene en Asia una seria contrincante. Algunos de los diseños con los que Jolin aparece en el escenario coquetean con el surrealismo, lo mismo que el piano giratorio sobre el que se deja caer mientras el número uno del pop masculino, Jay Chou, trata de hacerse oír entre el rugido de un orgasmo colectivo. “¡Te quiero, Jay!”, exclama Jolin. Una plataforma hidráulica se los traga juntos, y se disparan los rumores sobre qué hay en esta pareja más allá de sus cameos profesionales. “He aprendido a pasar de lo que la gente dice de mí, de todos los cotilleos, que antes me afectaban mucho y hacían que me encerrase en mí misma”, asegura la reina del mandopop (pop en mandarín).

Jolin debutó en 1998 en un concurso de la cadena televisiva MTV. En aquel precursor de Operación Triunfo dejó a todos boquiabiertos con su interpretación de The greatest love of all, de Whitney Houston. La Universal no dudó en contratarla, y al año siguiente la artista eclosionó con su primer álbum, Jolin 1019. Desde entonces, las principales discográficas del mundo se la rifan y ella ha ido creciendo con cada álbum, y ya suma 11, además de casi 60 premios; pruebas de que no es un producto de usar y tirar. No hay año en China sin un single de Jolin en el número uno de las listas de éxitos.

Con su cuarto elepé, J-Game, consiguió vender un millón de copias en solo un mes, y en 2009, ya bajo el sello de Warner, que la representa ahora, rompió todos los récords: Butterfly ha colocado casi tres millones de copias en Asia, y la canción Slow life ha sustituido a la tradicional sirena del recreo en más de 3.000 escuelas taiwanesas. Según la prensa china, en 2010 se embolsó más de 14,5 millones de dólares, récord que en China solo supera Jay Chou.

Basta con un vistazo a las carátulas de sus discos para intuir cuál ha sido la transformación de Jolin en la última década. De hecho, si no fuese por su característico tatuaje en el brazo izquierdo, uno podría pensar que las imágenes pertenecen a diferentes mujeres. En los cuatro álbumes editados por Universal domina un rostro angelical de niña que no ha roto un plato, y las pegajosas melodías están claramente dedicadas a un público adolescente que hace borrón y cuenta nueva con las generaciones anteriores. En 2003, ya con Sony, Jolin dio el primer estirón, como si hubiese pasado de la infancia a la juventud en un solo año. De repente, su cuerpo adquiere forma, y la actitud se debate entre lo aniñado y lo sexi. Nacen entonces los frenéticos bailes que se han convertido en su marca, y las baladas adquieren un ritmo más acorde con el que mueve a la economía y la sociedad.

Tres años después, EMI Music confirmó la mutación: los pantalones se pegan a sus curvas y pierden casi toda la tela, sus labios se entreabren y la mirada adquiere un toque lascivo. Las ventas se dispararon hasta los 2,5 millones de copias, todo un récord para un territorio pionero en el terreno de la piratería, y Jolin copó el papel cuché del continente.

La revista ‘AskMen’ le otorgó el año pasado el puesto número 39 de la lista de las 100 mujeres más sexis del mundo, uno por encima de Shakira, y 81 puntos -sobre una escala de 100- en el apartado de sex appeal. Quizá se les fue un poco la mano al describirla como “un cachorro sexual que se puede contorsionar para adquirir más formas que un globo”, pero lo cierto es que su nueva actitud le ha sumado seguidores. Este año no ha estrenado álbum, pero su fama no decae. Está a punto de acabar la gira de Myself, probablemente la más multitudinaria que haya llevado a cabo cantante asiática alguna.

Ella explica su auge profesional con mesura: “He aprendido a controlar el espectáculo y a expresar mejor lo que siento. Cuando empecé no tenía ni idea de cómo funciona esta industria y estaba en la universidad, así que me dejé guiar por los profesionales. Luego he tomado las riendas para construir mi propia imagen. Me gusta enfrentarme a nuevos retos. Así el público no se aburre. Intento mantener ese punto de inocencia del principio, pero me hago mayor y quiero hacer un tipo de música más sexi, que, obviamente, tiene que ir ligada a mi apariencia”.

A pesar de su dominio del inglés, Jolin no tiene intención de ampliar su horizonte. “No me interesa Occidente. Soy china y quiero triunfar en mi mercado, con el que ya me sobra, porque es gigantesco”. Internet parece darle la razón. Una búsqueda de Jolin Tsai en Google devuelve algo más de dos millones de resultados, mientras que su nombre en ideogramas chinos produce 26 millones. En el buscador del gigante asiático por excelencia, Baidu, esa cifra se multiplica por dos. “No tengo intención de lanzar un álbum completamente en inglés, porque mi audiencia no lo entendería. Ni tengo la ambición de ir a Estados Unidos. Me da pena ver a otros artistas que sí lo desean y se ven obligados a ajustar su música y dejar de ser ellos mismos”.

Jolin es un perfecto ejemplo de la cultura china. En autocensura, por ejemplo: “Para mí, Madonna es una meta. Tiene un carácter similar al que me gustaría tener a mí. Es el reflejo de que una mujer puede hacer lo que se proponga, lo mismo que un hombre. O más. Yo no puedo decir lo mismo. Ella puede expresarse como quiera, incluso utilizar la palabra F (por fuck, joder en inglés), algo que yo no puedo hacer. La sociedad, y sobre todo mi audiencia, que es mayoritariamente adolescente y joven, me mira y busca en mí un espejo en el que mirarse. Así que, en público, tengo que dar ejemplo”. Y en las letras de sus canciones, sin referencias políticas. A pesar de que Taiwán se rige por un sistema democrático capitalista, los artistas de la “provincia rebelde” de China, que es independiente de facto, tienen muy presente que su mercado está en las entrañas del Gran Dragón. Y para actuar al otro lado del Estrecho las letras han de pasar por las manos de los censores chinos, así que es mejor dejar a un lado las convicciones sobre libertades y derechos humanos, elementos que el periodista ha de aparcar también en la entrevista.

No obstante, Jolin apuesta por una música sin fronteras. No le importa que la comparen con Britney Spears o Lady Gaga, pero sí le molesta que la acusen de copiarlas. “La música ya es global, y no tiene las limitaciones que van ligadas a los Estados. Hablar de copia no tiene sentido, ni en China ni en España. Simplemente, las canciones tienen que gustar al público. No creo que haya que introducir elementos chinos para que suene china”.

Lo que sí le preocupan son las copias y las descargas ilegales, otro fenómeno global en el que China toma la delantera. “Peligra el talento de los músicos. Queremos promover las descargas legales, pero el fenómeno de la piratería es imparable, y no podemos combatirlo dejando de crear. Porque la gente sí que paga por ir a un concierto. Así que tenemos que mejorar el espectáculo en vivo y superarnos en el escenario. Sin duda, este momento de transición puede ser una amenaza para los grupos más modestos, pero a largo plazo creo que Internet es una gran oportunidad que, como muchos otros sectores, la música tiene que aprender a rentabilizar”.

Fuente: El Pais

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