Con razón a los rumanos les gusta tanto España

23 01 2012

En TeleFrance1, el equivalente a TVE1, quisieron mostrar cuál era el tratamiento que se le daba a la inmigración ilegal en España en pleno debate sobre los asentamientos chabolistas de zíngaros rumanos. Para ello se fueron hasta Córdoba para comprobar in situ cómo se hacen las cosas en España.

Lo que vemos en el vídeo (http://www.youtube.com/watch?v=VTGqf4Z3EsY) consiste en facilitarles piso gratis, manutención gratis, cursos de idioma en español gratis, guarderias, comedores, etc. Y según añade TF1 mas de docientas familias rumanas dejaron de mendigar. Mientras el Estado se ocupa de estas familias, miles de familias españolas, que pagan religiosamente sus impuestos, se encuentran en situación de desamparo.

Estas políticas fueron un “efecto llamada” brutal para que los chabolistas rumanos de Francia e Italia se vinieran en tropel a España, como los que se asentaron en La Herrera (Albacete), que llegaron incluso a infectar el acueducto de aguas que van a Murcia (ver: http://videos.laverdad.es/informaciondecontenido.php?con=559)

Pues esto mismo es lo que el secretariado romaní en España quiere que sea subvencionado con la excusa de la “integración”. La integración para esta gente significa que hemos de tragar con la invasión tercermundista sufragándola, encima, con dinero público.

Y es que el problema de Rumanía eran los zíngaros, muchos de ellos inadaptables, habituados a vivir del robo, del delito y del tráfico, cuyo formato estándar de vida ha consistido en ser un grupo parasitario, y curiosamente el que más se ha quejado de sufrir discriminación y racismo, cuando ellos no permiten, por ejemplo, que una de sus mujeres se case con alguien que no sea de su etnia.
No pueden exigir tolerancia desde su intolerancia. No pueden ir de víctimas del racismo cuando los primeros racistas son ellos. No pueden exigir nada que ellos no ofrezcan. Pero la pánfila sociedad occidental, absurda y aborregada donde las haya, no quiere ser llamada “racista”, por lo que cede constantemente a las pretensiones de cualquier grupo alógeno por si acaso.

Este buenismo ha llevado a la situación actual, donde defender el propio interés es calificado de acto de racismo y xenofobia, y donde un cartel a la puerta de una tienda acaparó la atención de los medios (http://1.bp.blogspot.com/_YvmvhSrOS8o/SCTgNV-JqgI/AAAAAAAAAfM/6k1lMXhAzC4/s400/BEEP%2BXEN), mientras que una violación en grupo cometida por los que se menciona en el cartel pasó casi desapercibida (http://www.diariovasco.com/v/20101103/al-dia-local/condenados-cuatro-rumanos-violacion-20101103.html). Y todo con la promoción de gobiernos y ONGs que han hecho de este sistema su modus vivendi.

El gobierno italiano aprobó hace cuatro años un decreto de expulsión de este tipo de asentamientos tras la violación y asesinato de una mujer italiana en Roma, crimen éste que provocó una reacción popular violenta de venganza, resultando algunos zíngaros apaleados en las calles de la capital italiana. Para evitar que el pueblo se tomase la justicia por su mano, el Estado italiano decidió esa medida expeditiva para deportar a los miembros de una comunidad que se caracterizaban por su modo de vida parasitario y tendencia al delito. El decreto de expulsión incluía a cualquier extranjero que fuera un problema para la seguridad pública, comunitario o no.

El siguiente en aprobar esta necesaria medida fué Sarkozy. Esto, que pudo parecer una opción acertada y decidida en beneficio de la ciudadanía tenía un defecto: a Sarkozy y a la mayoría de los políticos de la UE les importa tres rábanos lo que le pase a la gente. Si tomaron esa decisión sólo fué porque “el problema es de índole europea y su irresolución daría alas a las facciones más extremistas y xenófobas del espectro político”. Ese es el único motivo. No les importa el incivismo foráneo, sino los resultados electoralistas.

En Italia había hasta 700.000 rumanos, la mayoría de etnia zíngara. Y teníamos todos los números para que todo ese género llegase aquí, como así sucedió. Al anterior Gobierno no le importó que viniera esa cantidad enormemente desorbitada de personal aún empezándose a notar los primeros efectos de la crisis laboral en España, y como no pudo ser de otro modo, tampoco le importó que todos los chabolistas deportados de Francia entrasen a chorros en España, sobre todo porque trabajar no es por lo que destacaban estos que venían, y por lo tanto dudosamente se iban a quedar sin trabajo si jamás habían tenido uno.

Fuente: Alerta digital

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